La paz en Sudán no solo significa un alto a la violencia, sino que debe venir acompañada con un plan de desarrollo que le permita al país alcanzar su máximo potencial. Se debe promover un principio para permitir un desarrollo sostenible.

Las ONG que se encuentran actualmente en este país africano trabajan gracias a ese tecnología pero no pueden hacer más en una nación que aun debe replantearse rescatar los más importante de su historia y proyectarse hacia un futuro luminoso, que incluya planes de inversión en sectores como la salud, la educación, entre otros.

Hoy por hoy lo sudaneses residentes en Jartum, la capital comienza a ver algunos beneficios de un proceso de pacificación que se ha visto influenciado por el crecimiento en renglones de exportación como el algodón y el petróleo.

Pero aún en este país que ha sufrido severo daños a la naturalización de la democracia, le queda mucho por conquistar. Su violento pasado se extiende como una sombra por sectores políticos que intentan privar a Sudán de un esplendor que puede alcanzar el fin máximo al menos en cinco años. Los habitantes que allí radican lo necesitan y merecen.